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La relación que se establece entre un gaiteiro y su instrumento es algo muy especial y personal. Estas son algunas de las sensaciones que, sobre las gaitas del Obradoiro de Gaitas Seivane, sienten los gaiteiros cuyos testimonios te ofrecemos a continuación.

Instrumentos insuperables; aspecto magnífico; éxitos y satisfacciones; sonoridad y sobre todo por su tímbrica; capaces de afinar con cualquier otro instrumento musical; nunca me han dejado tirado; calidad sonora y de afinación muy buena; su sonido inconfundible; equilibrio sonoro entre el punteiro y los roncos; dulzura sólo comparable con el amor; tímbrica que llega a emocionar, a conmover.


Gonzalo Abelairas

Desde mi primer contacto con la música tradicional, en el Aula de Música Tradicional «Gomes Mouro» de Ourense, tengo gravado en la memoria el timbre de una gaita de buxo, de quien por entonces era uno de mis maestros de gaita y hoy es un compañero de cuarteto. Aquella gaita de buxo Seivane y su timbre fue lo que me marcó a la hora de buscar una sonoridad en mi instrumento.

Una de las cosas que más me gusta de las gaitas Seivane, es que aportan muchísimo al gaiteiro o intérprete de hoy en día, cuando la gaita está tomando multitud de caminos. Ya sea en las diferentes formaciones, solistas, cuartetos… en la interpretación de piezas haciendo música de cámara con instrumentos denominados «cultos», en los nuevos repertorios o en un apartado más contemporáneo… en todos ellos, se precisa un instrumento versátil, que se adecúe a las diferentes digitaciones para lograr sobretodo, la estabilidad y precisión en la afinación que estos instrumentos consiguen.

Como gaiteiro solista, me encanta tocar y jugar con diferentes bordones en distintas afinaciones. En estas gaitas se consigue un gran empaste y estabilidad gracias al trabajo de investigación que hay detrás, en el que destaca la calidad del timbre y la dulzura de su sonido.

Quiero darle las gracias a la familia Seivane, primero en lo personal, ya que desde que los conocí, su trato hacia mí fue impresionante y gracias en el terreno musical, por aportar estos instrumentos, seguir evolucionando y solucionando las inquietudes y exigencias de los gaiteiros.

Por todo eso, muchas gracias!


Dani Bellón

Cuando se tienen 11 años, uno no le da valor real a las cosas, a pesar de que lo tengan. Ese ha sido mi caso, cuando fui, una tarde de marzo, por el año 96, a buscar mi primera gaita.

Con el paso del tiempo he ido aprendiendo lo que tenía realmente en las manos. En seguida comprendí que la gaita estaba hecha con algo más que madera, pues eso se percibía en su sonido inconfundible. Uno empieza a preocuparse no solamente de interpretar simplemente una pieza. En mi caso, esto último abarcaba de lleno la técnica y sobre todo una manera muy estricta de afinación.

Gracias a gente como los Seivane, y a su entrega a la gaita, todas estas inquietudes que tenemos los gaiteiros, se ven aliviadas.


David Bellas García

En el año 1995 conocí ¡la gaita! Todo comenzó cuando decidí apuntarme a un grupo de gaitas que había en O Barqueiro, de la mano del maestro Xan Barcón. El me enseñó la pasión por el instrumento y el oficio de gaiteiro, y puso en mi conocimiento la existencia de una familia (LOS SEIVANE) que desde aquel momento cambió mi vocación, acrecentándola cada vez más.

Recuerdo como si fuera hoy cuando llegó a mí aquella gaita de granadillo en Do y descubrí todo lo que una gaita de Seivane tiene en su interior. A parte de una calidad sonora y de afinación muy buena, ese sonido a tierra, ese gusto de antiguos gaiteiros heredado, una caja de buenos recuerdos y una página en blanco que cada uno de nosotros tenemos la obligación de escribir.

Otro momento que recordaré siempre con especial cariño fue el día en que fui al taller y conocí al clan Seivane. ¡Qué nervios en ese momento cuando me dijeron “toca algo, rapaz”!, Todavía me tiemblan las piernas al recordarlo, pero la verdad es que desde aquella vez, cada vez que voy allí y me dan la oportunidad de tocar alguna pieza, se me llena el pecho de orgullo.

En mi experiencia, hasta el momento, nunca me ha dejado tirado una gaita de Seivane, ni en foliadas, ni en auditorios y salas de conciertos, bien sea tocando al lado de un tamboril de piel, de un piano, o de una guitarra eléctrica. Me complace ver la evolución en poco tiempo de este instrumento, que se debe en buena medida a la familia Seivane.

Hoy en día tengo una gaita en Do, Re y Sib de granadillo, y otra de buxo, que puedo decir que funcionan de maravilla y que dan un gusto especial a cualquier tema que se pueda tocar con una gaita, bien sea el más tradicional o los temas más contemporáneos.

Para terminar, deseo volver también a un recuerdo que tengo todas las mañanas cuando me levanto y voy a ensayar. Una frase que le he oído a Don Xosé Seivane:
“Un día la gaita habló y dijo: límpiame y afíname bien en casa que te he de dejar quedar bien en la plaza”

Gracias por vuestras gaitas y por ser así a todos: Xosé, Álvaro, Xosé hijo, Susana y toda la gente que trabajáis para que no desaparezca ese sonido de las gaitas de Seivane.


Pablo Carpintero

Desde hace muchos años, existía en cada zona uno o varios artesanos que construían las gaitas de fol siguiendo la costumbre propia de su lugar. Las diferencias entre zonas son muy variadas: predominio de un determinado tono, escalas propias, torneados característicos y sobre todo timbres diferentes. Respecto a esto, las diferencias tímbricas entre artesanos se veían reforzadas porque cada gaiteiro hacía sus propias palletas con lo cual conseguía un timbre que le resultaba agradable. En la tradición musical gallega, el gaiteiro siempre ha sido un músico solista, en el primer tercio del siglo XX, los gaiteiros de Soutelo de Montes pusieron de moda los grupos en los que dos gaitas tocaban juntas.

Este hecho supuso un importante punto de inflexión puesto que suponía que ahora las gaitas de fol debían poder tocar juntas y afinadas. Este cambio en el rumbo de nuestro folklore ha afectado principalmente a los grupos de músicos de los centros urbanos, puesto que en la Galicia más profunda los gaiteiros siguieron manteniendo la formación de solistas o de cuartetos tradicionales (gaita de fol con clarinete, caja y bombo). El hecho de tocar a dúo ha representado un importante reto para los artesanos; de pronto se vieron en la necesidad de igualar el timbre y la afinación de sus gaitas, para ello se estandarizaron las palletas y los tonos, se amplió el espectro tonal y empezó una producción de Gaitas que nunca se habían visto en Galicia.

Al frente de este movimiento destaca un artesano, el Señor José Seivane y sus hijos Álvaro y José, quienes basándose en modelos tradicionales de la zona de Riotorto, de los que todavía conservan sus propios torneados, consiguieron un modelo de gaita de fol que se adecua perfectamente a estas nuevas necesidades de los gaiteiros. Gracias a este taller, los gaiteiros disponemos ahora de un instrumento capaz de afinar con cualquier otro instrumento musical, con un timbre y una escala no demasiado alejados de la tradición (pensemos que las escalas tradicionales están bastante alejadas del temperamento y su mantenimiento no permitía utilizarlas como instrumentos temperados) y de una calidad constructiva difícil de igualar. Las gaitas del taller de los Seivane demuestran una buena flexibilidad, son fáciles de manejar y afinar y su tesitura permite ejecutar piezas de cualquier lugar de Galicia.

A pesar de que mi obsesión es la recuperación del sonido de las gaitas de fol antiguas de Galicia, entre mis gaitas antiguas cuento con tres gaitas elaboradas por José Seivane. Las gaitas antiguas no permiten tocar en conjuntos y pienso que esto es bueno para cualquier gaiteiro, porque es una parte importante de nuestro folklore. Pero también quisiera dejar claro que las gaitas modernas DEBEN convivir con los viejos modelos de gaitas porque en ellas reside la esencia de nuestro sonido tradicional.


Nando Casal, gaiteiro de Milladoiro

Cuando hablamos del resurgimiento de la música tradicional gallega, muchas veces hacemos recaer el mérito solamente en los intérpretes de la misma, olvidando de la importancia de la intendencia, de los artesanos, sin cuyo trabajo, que supo estar a la altura perfeccionando cada vez más los instrumentos, sobre todo la gaita, no sería posible tal resurgimiento. Si aquí, en Galicia, hay un taller de gaitas a quien le debemos reconocer su labor, ese es el de la saga Seivane.

Leonardo Da Vinci, el genial artista del renacimiento decía: “No hay arte donde el espíritu no trabaja con la mano”. Pienso que la cita es muy apropiada para definir en una frase corta el trabajo hecho por estos magníficos artesanos que son los Seivane; las gaitas hechas por sus manos son auténticas obras de arte que, por su sonoridad, se convierten en instrumentos adecuados para que los gaiteiros podamos transmitir el alma, el espíritu de nuestro pueblo a través de ese lenguaje universal que es la música.

Visitar el Obradoiro de Gaitas Seivane es siempre una gozada. Puedes disfrutar de una conversación del viejo, y sabio, artesano José, seguir con el pausado y aplomado hablar de sus hijos hasta terminar con una interpretación llena de pulcritud y virtuosismo de la nieta gaiteira Susana.


Alberto Coya

Quiero expresar mi reconocimiento al Obradoiro Seivane ya que, producto de su pasión por la gaita, consigue conjugar pasado, presente y futuro de un instrumento que significa algo más que eso… es la esencia musical de una cultura, de un pueblo.

Tres generaciones comprometidas con la tradición pero también aliadas a la necesaria evolución y a la constante mejora. Es de esta manera como el obradoiro oferta una amplia gama de instrumentos de talle profesional a la que se añaden una serie de complementos que maximizan su rendimiento y que permite personalizarlos y lograr piezas únicas.

Sin duda, las gaitas Seivane suponen una de las mejores elecciones posibles tanto para los intérpretes consagrados como para aquellos que comienzan su camino.


Pablo Devigo

¿Qué me aporta Seivane? Fruto de la visión ecléctica en la elaboración del instrumento, surge una de las piedras angulares de las que hace gala el Obradoiro: su precisión. Esto se cumple en todos los aspectos del proceso desde el principio, cuando se escoge la madera, hasta los últimos acabados; y, como intérprete, es para mí una cualidad indispensable.

Esta precisión tiene repercusión en otro punto importante: la fiabilidad. El hecho de que todas las piezas del engranaje de la construcción estén bien controladas, y no se deje lugar al azar, hace que podamos disfrutar de un instrumento estable en lo tocante a la afinación y al timbre. Esto es lo que hace posible la interpretación en otros marcos menos habituales, hasta ahora, de la gaita.

Seivane siempre estuvo en el epicentro del mundo de la gaita, aportando los requisitos que el gaitero necesita; y así debe seguir, sin descuidar nunca que la carrera por la perfección nunca termina.


Edelmiro Fernández

Mi primera relación con la gaita fue a la edad de 12 años, en la Escuela de Gaitas de Ribeira. Desde la ignorancia de cualquier niño que aprende, es función obligada del maestro hacer que sus propias inquietudes sobre la Gaita sean transmitidas a sus alumnos (afinación, sonoridad, interpretación, …). De ahí que, poco tiempo después, mi “ignorancia” se fue cambiando a base de muchas horas de trabajo, en exigencia, llegando a convertirse en modo de vida, tanto emocional como profesional.

Una vez claras mis necesidades como gaiteiro, decidí encargar, en el año 1992, un punteiro en Do (granadillo) de SEIVANE, (ya en la Escuela de Gaita estábamos utilizando punteiros en Si Nat. SEIVANE), con el que empecé a hacer mis primeros festivales y concursos como gaiteiro solista.

Hoy en día, dispongo de tres gaitas SEIVANE: Si B, Do e Re, (+ punteiro Si Nat e Do #), que me dieron muchos éxitos y satisfacciones, y con las que he recorrido y llevado el sonido de la Gaita, por todo el mundo.

En la evolución de la Gaita, hay una gran responsabilidad de la familia Seivane, que a lo largo de su trayectoria como artesanos, han sabido transmitir la esencia de las Gaitas antiguas, con la sonoridad y afinaciones que actualmente se exigen en la diversidad de agrupaciones instrumentales.

Os animo a seguir trabajando así.


Pepe Ferreirós, gaiteiro de Milladoiro

Conocí personalmente a José Seivane en el año 1978 en las reuniones que se hacían en Ortigueira y que, más tarde, darían lugar al nacimiento de la Asociación de Gaiteiros Galegos. Allí conocí también a Ricardo Portela; con ambos mantuve unas magníficas y fructíferas relaciones y, sobre todo, una honda
amistad. Fue también entonces cuando comencé a descubrir la magia y el embrujo del sonido de las gaitas que salían del obradoiro de Ribeira de Piquín.

Siempre recordaré la primera visita a su "santuario" como un camino iniciático, como una peregrinación a los orígenes, a las fuentes del sonido (cerca de allí nace otra de las señas de identidad de nuestro País: el padre Miño). Como en toda romería que se precie, después del alimento del alma vino el alimento del
cuerpo y, en esta ocasión, fueron unas excelentes truchas procedentes de las aguas cristalinas de los ríos de la zona, bien conocidos por el amigo Seivane.

Desde entonces y hasta hoy, mis relaciones con el obradoiro de Seivane, actualmente con sus hijos Álvaro y José al frente, han sido fluidas y recíprocas.

De sus gaitas nada tengo que decir que ellas mismas no digan con su voz inconfundible, dulce y vigorosa a la vez, irrepetible. Personalmente tengo debilidad por su Do brillante que me hace evocar las esencias más hondas de la Tierra.

Ni que decir tiene que el apellido Seivane es ya un referente obligado para la música de nuestro País.


Raúl Galego

Andaba a aquella altura de los incipientes años 70 jugando a ser gaiteiro, sin medios y sin referentes obvios cuando, en 1972, y por mediación de mi amigo y vecino Roberto conseguí entrar en el mítico Cántigas da Terra, el veterano coro de A Coruña. Y así, por fin tuve la oportunidad de ver de cerca, de palpar y hasta insuflar mi propio aliento en una gaita de verdad! Compartía alboradas y tocatas varias acompañando a los míticos ‘Os cinco de Galicia’ o ‘Os Matos’, pero siempre de prestado.

Fue entonces cuando Adolfo Fernández Riopedre, padre de Miguel, un alumno mío de Santa Margarita, me habló de un amigo que hacía unas gaitas muy bonitas y que iba a encargarle una para su hijo. Le pedí que le preguntara si podría prepar un fol de piel. En poco tiempo, la gaita vino con fol de piel ajustado. Tenía un sonido claro, limpio como el agua de un manantial. Me gustó. Y por un buen precio, cinco mil pesetas, encargue una gaita de cuatro voces, con dos punteiros de Sib y Do, y los espigos adaptables para las dos afinaciones. Pero le hice una advertencia: “que la haga bien que, si sale buena, tendrá tanto trabajo que no dará hecho”.

En el mes de diciembre de 1974, conocí a aquel hombre de aspecto agradable, en los 50 años, de bigotito fino y sombrero tirolés y entusiasta de su trabajo, quien me entregó en la mano una gaita, hecha de buxo y con un torneado singular y anillada en asta.

Desde ese momento, Seivane sería para mí el tótem, el meigo de la gaita, y así, doce años después, quise mi Gaita Total. En madera de granadillo, fol de cabrito, en Sib y de cuatro voces, con chión de palleta, como es preceptivo para el tipo tradicional. Mi gaitiña de sonido dulce, que anduvo medio mundo, con alegrías y pesares en fiestas, romerías y foliadas, más llena, sonora, con una línea estética, aunque diseñada por mí, es de inspiración tradicional, y con el toque personalísimo de Seivane.

Hoy le muestro al mundo el prestigio de llevar sobre mi hombro una marca sobresaliente, con la solera del sello de la Ribeira de Piquín. Hoy voy con orgullo y agradecido por una forma de hacer, y por la artesanía, que los Seivane son artesanos, y por el arte inmensa de lo etéreo de la música, porque los Seivane son artistas.

Símbolo de la identidad cultural de nuestro pueblo, la gaita tiene en Seivane su seña de identidad.


Pedro Lamas, Nova Galega de Danza / Luvas verdes

Conocí a Seivane a finales de los 80, cuando mis compañeros y yo encargamos nuestra primera gaita para el grupo "Garrulaxe" de Cecebre. Aquella gaita era, para mí, un tesoro, aún a pesar de no tener todavía capacidad para apreciar las cualidades sonoras y constructivas que definen a los instrumentos que salen de esta fábrica en Volteiro, muy cerca de mi casa.

Esta proximidad hizo de mí un privilegiado por la oportunidad de entrar y salir de este maravilloso lugar en incontables ocasiones siendo testigo, a lo largo de todos estos años, de su evolución y la de los instrumentos allí construidos.

Entrar en el taller de Seivane es como abrir una ventana con vistas al pasado, presente y futuro de nuestro instrumento. Un sinfín de fotografías, punteiros, piezas en restauración y gaitas nuevas y viejas conviven en este templo para cualquier estudioso con afán de indagar en el desarrollo histórico de nuestra gaita de fol. Aquí coincidí con muchas personas relacionadas con nuestra cultura que recurren al buen hacer de estos artistas.

El transcurrir de estos años evidenció, en mi opinión, dos premisas fundamentales del taller: el extremo cuidado y precisión con que son manufacturados todas y cada una de los partes de la gaita, y la preocupación permanente por lograr la mayor calidad sonora y tímbrica de la misma. Este punto viene a dar respuesta a la inquietud de estos artesanos en la búsqueda de soluciones técnicas y constructivas al servicio de las nuevas generaciones: si algo define a Obradoiro de Gaitas Seivane es su capacidad para atender las preocupaciones de todos los que amamos la gaita, alcanzando mejoras que se hicieron patentes a lo largo de todos estos años y que hoy disfrutamos.

La obstinación del taller en preservar toda la riqueza tímbrica de la gaita, con especial atención a la sinergia que resulta de la conjunción de todos y cada uno de los elementos sonoros que la conforman, hacen del trabajo de la familia Seivane una de las más honestas contribuciones al mundo de la gaita gallega. En nombre de todos los amantes de la música tradicional y del mío propio: gracias por contagiar vuestro arte y humanidad a nuestro instrumento.


Xosé Luis Miguélez

Cuando te dedicas profesionalmente a la Gaita Gallega, bien sea como profesor o como intérprete, aprecias particularmente algunos detalles importantes que Obradoiro de Gaitas Seivane posee, y que lo convierten en un lugar muy especial.

Como profesor del instrumento, necesito trabajar con el mejor material posible en el menor tiempo posible y Obradoiro de Gaitas Seivane, con su apuesta por las nuevas tecnologías, permite conseguir unos instrumentos de una calidad impresionante en un plazo realmente corto. Todo esto, por supuesto, sin perder el acabado final artesanal que lleva su sello desde hace décadas.

Como instrumentista, lo que más admiro de sus Gaitas, que utilizo desde hace más de veinte años, es su versatilidad a la hora de afrontar diferentes situaciones musicales. En mi último trabajo discográfico titulado "Esperanza", que grabé en directo, empleo uno de sus instrumentos en la obra para Piano y gaita solista "Luces do Atlántico" del compositor Ernesto Campos. Esta obra sitúa a la gaita al límite de su capacidad en cuanto a afinación, técnica y tesitura; sin embargo, el resultado sonoro fue más que satisfactorio.

Por todo esto, no puedo más que, como profesor y como intérprete, recomendar los instrumentos de Obradoiro de Gaitas Seivane ya que, sin duda, valen mucho más de lo que cuestan.

Xosé Luís Miguélez - www.xlmiguelez.com
Intérprete y Profesor de Gaita Gallega en el "Conservatorio de Música de Vigo"
Octubre de 2007


Paulo Nogueira, gaiteiro de Treixadura

Alguna vez me he puesto a pensar qué hubiera sido de mi vida si no tocara la gaita, si no guardara ningún tipo de relación con la música tradicional… A veces resulta increíble que una pequeña decisión como la de asistir o no a unas clases de gaita puede condicionar el resto de tu vida. En mi caso pienso que fue así, puesto que lo que el futuro me ha deparado en mi vida laboral, ha sido, y está, muy relacionado con aquella decisión que tomé con 9 años: “Yo quiero aprender a tocar la gaita”.

Evidentemente, transcurre un tiempo entre que comienzas hasta que alcanzas una mínima madurez que te permita saber realmente qué es lo que buscas y lo que quieres hacer. Cuando tenía 16 años, escuché unos punteiros recién estrenados a los Faíscas de Solobeira (Chilro y Xocas) y decidí que tenía que conseguir un punteiro como aquellos (el presupuesto no me daba todavía para comprar la gaita entera): con sonoridad, con brillo, melosos, hechiceros y afinaban!!! Todo esto lo pienso ahora, en aquella época quedé simplemente “colgado por ellos”. Pasado un tiempo, compré la gaita completa. Desde entonces, siempre he tocado con las gaitas de Seivane.

Tras aquel punteiro en Do vendrían uno en Re natural, uno en Si bemol, Re “pechado” y La natural. Últimamente le tengo echado el ojo a una gaita en Fa grave de la que estoy… enamorado.

En Treixadura, además del estilo y del sonido que podamos aportar cada uno de nosotros al grupo, estoy convencido de que un tanto por cien importante del sonido que nos define y caracteriza es “responsabilidad” del Obradoido de Gaitas Seivane, de lo cual, por supuesto, nos sentimos congratulados.

Ciertamente, no entendería mi vida sin la gaita y no entendería la gaita sin Seivane. Sé que esto que digo es algo subjetivo y condicionado a mis gustos y preferencias personales, mas objetivamente, me reafirmo en lo dicho. Cualquier persona que conozca un poco de la historia más reciente de la gaita y de nuestra música tradicional tiene que reconocer el trabajo de la familia Seivane por su conservación, difusión, defensa y adaptación a los nuevos tiempos.

Por todo esto, Seivane(s): Gracias, muchas gracias!!


Enrique Otero Covelo

Como gaiteiro y como autor, le rindo mi profundo agradecimiento al Obradoiro Seivane, por el trabajo desarrollado en la construcción de gaitas o cornamusas.

Los que nos sentimos gaiteiros le pedimos que siga construyendo sus gaitas, en las que podamos ejecutar una escala musical por semitonos cromáticos con toda nitidez, con esa sonoridad, perfección y afinación.

Mi admiración para este Obradoiro.

Poema de gaiteiro:

«Cuando la gaita sonaba era gaiteiro.
Cuando el gaiteiro tocaba,
era la gaita quien cantaba,
y quien lloraba.»


Xoán Carlos Rilo Fraga, Maestro gaiteiro de la AGADIC

Recuerdo las vacaciones del año 84 cuando me acerqué con mi padre al taller que D. Xosé Seivane tenía en Ribeira de Piquín. Fue allí donde por primera vez vi gaitas talladas y gaitas con incrustaciones… toda una novedad de la que quedé gratamente sorprendido. Tentado por la emoción, no pude resistirme sin tocarlas y de repente encargar las dos primeras gaitas de Do en madera de granadillo. Sentir su dulzura y brillantez, fue toda una experiencia y por ende, un éxito cuando tocábamos en los centros gallegos de Euzkadi que tanto frecuentábamos al vivir en aquellos lares.

Me consta que fueron muchos los alumnos de Bilbao, Llodio, Pamplona… Y posteriormente en Galicia, Oza-Cesuras, Curtis… los que no dudaron en adquirir gaitas hechas en el obradoiro Seivane sin sentir jamás una queja. No hay duda, hablar de una gaita hecha por ellos es sinónimo de exquisitez y garantía. Con justa lógica, los gaiteiros identificamos al apellido Seivane con el sello y el apellido de la gaita.

A nivel profesional, me considero un privilegiado por ser la gaita mi instrumento de trabajo. Si a eso le sumamos que todas las gaitas que manejo (Fa grave, Sol, Sib, Do, Re y Fa agudo) fueron hechas por el obradoiro Seivane, logro la dosis de tranquilidad, fiabilidad, estabilidad y versatilidad necesaria para tocar con la formación e instrumentos que sea menester.

Afortunadamente, en la actualidad contamos con grandes intérpretes que conocen y dominan perfectamente la técnica de la gaita, pero no saquemos mérito a los magníficos artesanos que trabajan todos los días en la procura de mejorar y dignificar nuestro aerófono más representativo, convirtiéndolo en un instrumento relevante de primera categoría.

Felicidades en este sentido a la familia Seivane y gracias en el terreno personal por la hospitalidad y amabilidad con la que siempre me trataron. ¡Larga vida!


Agustín Sánchez Iglesias

No tengo duda de que uno de los principales factores para dar mi credibilidad a las gaitas del Obradoiro Seivane, es su distintiva calidad de sonido. Desde siempre, me llamó la atención su sonido bien centrado, claro, y sobre todo equilibrado con el resto de los tubos sonoros que componen este instrumento, característica que desde mi punto de vista es uno de los propósitos más difíciles de alcanzar.

Pero hablar de las gaitas Seivane no sólo es hablar de una sonoridad propia, sino también de fiabilidad, calidad en las maderas, garantía, y como no, innovación. Son muchos los aportes de la familia de artesanos a nuestra gaita de fol, fruto de su tiempo invertido en la investigación y en la mejora de un instrumento que está alejándonos a pasos agigantados del popular mito de la desconfianza y limitaciones de este instrumento en lo referente a la afinación. Algunos de sus últimos grandes logros, como el Seipal o el Seitor, tienen un valor importante en términos de estabilidad en la afinación y practicidad de uso en las eventuales correcciones de la misma, cosa que hasta hace poco parecía un sueño para los gaiteiros.

Estos grandes avances, así como muchos otros detalles, hacen que me sienta cómodo y seguro con un instrumento que cubre con creces mis necesidades como instrumentista, así como las de muchos otros gaiteiros de nueva generación. Y es que para mí, la comodidad y la fiabilidad, son dos cualidades imprescindibles en un instrumento, el cual lo considero una prolongación de mí mismo, que sin él, no podría conseguir de ningún modo lo que pretendo expresar con la música.

Gracias a los Seivane por vuestra atención y por el amor y dedicación a este gran instrumento.


Xosé Manuel Sánchez Rei

Hacer de un trozo de madera un instrumento musical no es fácil: seleccionarla, secarla, cuidarla, prepararla, agujerearla, etc. son tareas que conforman todo el proceso constructivo y que suelen concluir en la elaboración de diferentes tipos de ejemplares. Pero hacer de la madera (en este caso el boj, el granadillo, el cocobolo o el palo santo) el alma musical de un país es una labor mucho más compleja que sólo consiguen muy pocos artesanos. El Obradoiro de Gaitas Seivane, que, como es sabido, comenzó su andadura en A Terra Chá lucense en 1939 de la mano del patriarca Xosé Seivane y que hoy continúa esa dedicación en As Mariñas de A Coruña gracias a sus hijos Álvaro y Xosé Manuel, consiguió alcanzar ese complicado objetivo: maridar el sonido de cada gaita gallega con el alma musical de Galicia.

Varias son las características de las gaitas elaboradas por el cuño Seivane que, a mi modo de ver, contribuyen a singularizarlas. En primer lugar, la perfecta combinación de la escala natural de las gaitas antiguas con la moderna, que hace posible que cada instrumento pueda aparecer en formaciones muy diferentes sin perder su autenticidad acústica tradicional. En segundo lugar, el timbre, que sirve para distinguir con total nitidez cada gaita Seivane de otras de diversos constructores. En tercer lugar, la posibilidad de tocar con varios recursos técnicos, meritorio logro que deja libertad para decantarse ocasional o habitualmente por determinadas posturas en la digitación, lo que no suele pasar con gaitas de otras procedencias. En cuarto lugar, la confortable forma del fol, asentada en la tradición, que permite a cada intérprete tocar cómodamente sin caer en la tan común y antiestética necesidad de girar la cabeza hacia la izquierda o incluso en el vicio de coger mal el depósito de aire. Igualmente, un exquisito acabado y torneado de la madera, donde todos y cada uno de los milimétricos adornos adquieren un relevante protagonismo ornamental. En sexto lugar, la particularización estética y acústica de cada instrumento acorde con el gusto del gaiteiro o de la gaiteira, lo que implica, por ejemplo, la adaptación de la gaita a cada persona, para así tocar con mayor comodidad, la flexibilidad que permite acentuar la dureza del punteiro para acrecentar la potencia sonora sin renunciar a la afinación y a la tímbrica, etc. Y, finalmente, una característica no menos importante: la galleguidad del instrumento, que, sin dejar de lado la constante investigación y avance, sirve para identificar tanto morfológicamente como acústica y tímbricamente sus gaitas.

En definitiva, un instrumento construido en el Obradoiro Seivane nos permite escuchar la secular esencia musical de nuestra patria: es capaz de transportarnos a otros tiempos de la mano de la modernidad del siglo XXI y de convertirnos en testigos activos del paisaje y de las gentes de Galiza no sólo en un serán o en una reunión familiar, sino también en los teatros y escenarios más exclusivos del mundo.


Alberte Sanmartín Montaña

Sin duda, hablar de una gaita Seivane es hablar de un instrumento de alta gama. Su fiabilidad y estabilidad en la afinación, su sonido dulce y su compensación y cromatismo, hacen que resulte fácil afinar con otras gaitas, con otros instrumentos de las distintas familias e, incluso, dar una rápida respuesta ante los cambios metereológicos bruscos.

Si además, le añadimos a esto un trato personal exquisito, una empatía enorme con el músico, una tradición de décadas en el campo artesanal y una apuesta firme por la innovación y el futuro… ¿Qué más se puede pedir? Seivane es garantía de por vida.

¡Yo soy de Seivane!

¡Un fuerte abrazo!


Susana Seivane

Nacer en el seno de la familia Seivane, ya implica que vas a tener contacto con la gaita de alguna manera. Desde pequeña, ellos supieron transmitirme muy bien toda una filosofía de vida, el amor por nuestros instrumentos, la pasión por nuestra cultura y tradición.

Verdaderamente, me siento muy orgullosa de ellos, del gran trabajo que han hecho desde que mi abuelo abrió su primer Obradoiro de gaitas en 1939.

Pasábamos todos los veranos en Ribeira de Piquín, en el Chao de Pousadoiro. Mi primo Jorge, y yo, tocábamos por el pueblo y así comenzamos a ganar nuestro dinero y golosinas.

Recuerdo que O Chao siempre ha sido un lugar de peregrinaje de muchos gaiteiros y gaiteiras que iban a buscar sus gaitas. Era toda una aventura llegar hasta allí por aquella carretera en la que se hacía un tramo del Rally de San Froilán. Yo siempre me he sentido privilegiada de tener las fuentes de aprendizaje en casa. Por allí aparecían grandes gaiteiros y amigos de mi familia, como Ricardo Portela, Moxenas, Milladoiro, etc., con los que he tenido contacto desde muy pequeña y la suerte de poder tocar con ellos y dejarme influenciar con su manera de entender nuestra tradición. Hoy por hoy por supuesto que me parecen los mejores constructores de gaitas, no porque sea mi familia, sino porque desde pequeña, entendí que su objetivo era el de llevar nuestro instrumento a lo más alto, y con mucho esfuerzo y muchos años de investigación, lo han conseguido.


Pepe Temprano

Transcurrían los años setenta, bien entrados,  cuando el que escribe estas líneas, Pepe Temprano, gaiteiro junto con el también gaiteiro José Cardelle, nos disponíamos a localizar a un constructor  de gaitas llamado D. José Seivane, que tenía un pequeño taller en Ribeira de Piquín provincia de Lugo, en el que realizaba gaitas. Llegando a Meira preguntamos por él y recuerdo perfectamente a un hombre que muy cauteloso nos dice: “Vayan despacio, no tengan que cogerlos con lazo”, con sus palabras quedamos sorprendidos. Más tarde lo comprendimos, era debido a que la carretera estaba siempre bordeada de precipicios. ¡Maravilloso lugar!

Al llegar al taller, allí estaba D. José Seivane, momento en el que lo conocí, estaba haciendo una zanfona, para uso personal, con su maestría y humildad características.

Las gaitas construidas por este hombre tienen un timbre del país, ¡auténtico! Y una dulzura sólo comparable con el amor. ¡No ya más notas falsas!, terminaron las dificultades de afinación, gracias a esa maestría antes mencionada.

Galicia estaba necesitada de constructores de su categoría porque las gaitas de D. José hablan gallego.

Esta destreza, bien demostrada a lo largo de tantos años, continúa en la actualidad a través de las no menos notables manos de sus hijos, Álvaro y José, continuadores de esta gran labor, habiéndose trasladado toda la familia desde aquel pequeño taller en Lugo a la localidad Coruñesa de Cambre, en la que se instalaron, hace ya unos cuantos años, y dónde tienen un gran taller bien conocido por todos.

Desde el punto de vista de un gaiteiro, no puedo dejar de mencionar también a su nieta, Susana Seivane, que ha llevado más allá de las paredes de este taller familiar el sonido de la gaita, ya que es una gran gaiteira conocida a nivel internacional, por lo que esta gran familia se dedica en cuerpo y alma al “son” de Galicia que es la Gaita.

Los Seivane forman parte ya de la historia de Galicia como la formaron en Italia los Stradivarius o los Amati o en Francia los Laurent, etc.

Les deseo lo mejor de un gran amigo.


Xesús Vaamonde Manteiga

Todavía recuerdo aquel día de 1982. Acababan de llegar al colegio dos gaitas de un tal “Seivane”, que decían que era lo mejorcito en aquel momento. Lo recuerdo como si las tuviera delante ahora mismo: buxo (aquel buxo de aquellos tiempos) anilladas en alpaca cromada y con un vestido azul y blanco. El fol era de goma, claro. Recordar que estamos hablando del año 82.

¡Cuánto cambiaron las cosas en el mundo de la gaita desde aquella época, y pienso que la mayoría de ellas para bien! Allá por el año 1989 conocí primero a Álvaro, y luego, con el tiempo, conocí a José, el patriarca, y a José, el hermano. De esta amistad surgieron grandes cosas. Cada vez que iba por el taller, me enseñaban un punteiro que tenía tal cosa, un fol de esta otra manera, hablábamos de materiales, de estéticas…

Y pienso que por esto, y por otras muchas cosas, la Familia Seivane siempre estará en la punta del iceberg de los artesanos de gaitas en Galicia. Porque saben escuchar y preguntan, y agradecen cualquier opinión y sugerencia que uno les haga. Pero es que lo siguen haciendo en la actualidad, después de todos estos años construyendo unas de las mejores gaitas gallegas que se pueden hacer en Galicia.


Xaquín Xesteira Losada, gaiteiro de Treixadura

Un gaiteiro, músico y artista; busca siempre, con su aliado inseparable, la gaita, mover, conmover, emocionar, provocar diferentes sensaciones en el interior de las personas.

Cuando era un niño, me emocionaba con los sonidos que se adentraban desde lo lejos en la tranquilidad de la mañana del día de fiesta, sonidos que se adentraban en mi corazón y en mi pensamiento, sonidos de piedra, de madera y caña, sonidos que llenaban de emociones tímbricas las calles de mi pueblo esa mañana, sonidos que se volvían sensaciones. Calando de una manera grandiosa ese ambiente en mi interior, y sobre todo, esa armonía tímbrica y melódica, en aquel momento personificado en unos artistas-gaiteiros que llegaban de una parroquia de Vilagarcía, haciéndose llamar Os Campaneiros.

Durante las numerosas experiencias musicales vividas, en la infancia y en la adolescencia, mi preocupación siempre ha sido intentar revivir esas sensaciones que tenía grabadas en mi interior. Pero no lo conseguía. Faltaba algo.

La gaita es un instrumento que llega directamente al corazón y llega por las tres características indiscutibles que posee: afinación, sonoridad y timbre.

Con las diferentes gaitas de diferentes artesanos, que, a lo largo de los años, iba conociendo y utilizando, reunían casi dos de las tres características esenciales, que yo considero necesarias, de la gaita.

Faltaba esa tercera, el timbre, ese elemento que convierte el sonido en una sensación. Ese timbre que transforma la gaita en un instrumento mágico, que te envuelve. Cuando, tocando por una calle empedrada, te conmueve de tal manera que el corazón comienza a latir aceleradamente, cierras los ojos y recuerdas esa misma sensación, esa emoción tímbrica que de niño te llenaba de felicidad.

La familia Seivane ha sabido aunar las tres grandes cualidades de la gaita con una maestría insuperable, siendo los responsables, en buena parte, del sonido de los grupos de los que formo parte.

En el camino de mi vida como gaiteiro, ha habido un momento crucial: cuando conocí la tímbrica de los punteiros que en aquel momento construía Xosé Seivane en Ribeira de Piquín.

Unas gaitas en las que su tímbrica me recuerda aquellas que escuchaba cuando era niño, esa tímbrica que llega a emocionar, a conmover de una manera grandiosa, provocando, al mismo tiempo, que las sensaciones guardadas en el interior alimenten el alma, y, por lo tanto, se reflejen en el rostro.
Obradoiro de Gaitas Seivane
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